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| 5 de
Julio
- 2010 |
| Lo que el Mundial se llevó |
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Se dice que del amor al odio se viaja rápidamente en los enamorados, pero quizás no tan rápido como se pasa del sueño a la desilusión al final de un evento futbolístico. Es que nuestro imbatible equipo fue vencido y de un pelotazo (mejor dicho varios) nos quitaron todo el delirio de levantar por tercera vez la copa.
Las improvisadas tribunas de maderas de los bares, construidas con mesas y sillas, quedaron vacías tras el silbatazo final y la corneta o “vuvuzuela argenta” se quedó sola y esperando que en cuatro años más, en el místico Maracaná, el Diego nos llene otra vez de gloria.
De pie Argentina, que los bravos veintitrés y su cuerpo técnico, ya pisaron nuevamente su patria y más que nunca le debemos nuestro respeto, alejada de absurdas criticas de los cuarenta y pico millones de DT que sabemos ser. Ya que nos han dejado mucho y más en las canchas y nos han representados más que bien en este acontecimiento mundial.
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